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Manhattan desde Brooklyn Heights
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10 de julio de 2016 · Nueva York, Estados Unidos

Nueva York en blanco y negro: Bajo Manhattan (I)

Taxis amarillos, rascacielos y un memorial en silencio: notas de varias vueltas por Manhattan.

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Estatua de la Libertad

Nueva York es la ciudad a la que siempre vuelvo con la cámara en la mano. Cada visita se mezcla un poco con la anterior — el mismo cruce, otra luz, otra hora del día — y aun así nunca sale la misma foto dos veces.

Entre los rascacielos hay momentos que se me quedaron especialmente: el Flatiron asomando entre flores en una esquina de Madison Square, el Empire State cambiando de color al anochecer, y el silencio raro de Liberty State Park mirando hacia el Downtown de Manhattan.

Esta ciudad da para muchas entradas, así que empiezo esta serie por el principio de todo: el Bajo Manhattan, la punta sur de la isla donde Nueva York empezó a ser Nueva York.

Financial District: el poder en vertical

Bajar hasta Wall Street es entrar en una escena que conoces sin haber estado nunca allí. La calle es más estrecha de lo que imaginas, encajonada entre edificios que no dejan ver el cielo, y eso —fotográficamente— es un regalo: los rascacielos se convierten en paredes que enmarcan cada plano.

Ahí está el Charging Bull, el toro de bronce que simboliza el optimismo del mercado, siempre rodeado de turistas buscando la foto perfecta. Y a pocos metros, la New York Stock Exchange, con su fachada de columnas neoclásicas que contrasta con la modernidad del distrito que la rodea.

Consejo de fotógrafo: ve a primera hora de la mañana entre semana. La luz entra en ángulo bajo entre los edificios y las calles todavía están medio vacías, algo casi imposible de conseguir en esta zona a partir de las 9h.

One World Trade Center y el Memorial 9/11

A pocas manzanas, el One World Trade Center domina el skyline con sus 541 metros de altura —una cifra simbólica, la misma que 1.776 pies en referencia al año de la independencia de EE.UU—. Es el edificio más alto del hemisferio occidental y se ve desde casi cualquier punto del Bajo Manhattan.

Justo a sus pies está el Memorial 9/11, dos enormes piscinas cuadradas excavadas en el lugar exacto donde se alzaban las Torres Gemelas, con los nombres de las casi 3.000 víctimas grabados en bronce alrededor del perímetro. Es un espacio pensado para el silencio, y aunque está lleno de visitantes, hay algo en el sonido constante del agua cayendo que impone respeto incluso en medio del bullicio.

Al lado, el Oculus, la estación de transporte diseñada por Santiago Calatrava, parece un esqueleto blanco de ballena abierto al cielo. Es una de mis paradas favoritas para fotografiar en blanco y negro: las líneas puras de la estructura y el contraste de luces cenitales generan composiciones muy limpias.

Brooklyn Bridge: la postal que nunca falla

Ningún primer viaje al Bajo Manhattan está completo sin cruzar —o al menos fotografiar— el puente de Brooklyn. Inaugurado en 1883, fue en su día el puente colgante más largo del mundo, y sus torres neogóticas de piedra siguen siendo uno de los símbolos más reconocibles de la ciudad.

Caminarlo de punta a punta lleva unos 25-30 minutos y ofrece dos postales distintas según el sentido: saliendo desde Manhattan tienes el perfil de Brooklyn de fondo; volviendo, es todo el Downtown de Manhattan el que se alza frente a ti, con el One World Trade Center presidiendo el conjunto.

Consejo de fotógrafo: el atardecer es el momento clásico, pero si buscas algo distinto, prueba justo antes del amanecer. El puente prácticamente vacío y la ciudad todavía dormida producen una atmósfera muy diferente a la marea de gente del resto del día.

Battery Park y el Staten Island Ferry: mirando hacia la Libertad

En el extremo sur de la isla, Battery Park es el lugar donde Manhattan se rinde al agua. Desde aquí se puede ver, a lo lejos, la silueta de la Estatua de la Libertad y Ellis Island, y es también el punto de partida del Staten Island Ferry, un trayecto gratuito que muchos turistas desconocen y que ofrece una de las mejores vistas de la bahía de Nueva York sin pagar un solo dólar.

Es, además, un contrapunto perfecto a la verticalidad del Financial District: aquí el paisaje se abre, el horizonte baja y el agua entra en escena. Para quien fotografía en blanco y negro, el contraste entre la ciudad densa a tus espaldas y el vacío del puerto frente a ti es difícil de resistir.

South Street Seaport: el Nueva York que casi no ves

Muy cerca de allí, y a menudo pasado por alto, está el South Street Seaport, el antiguo puerto marítimo de la ciudad reconvertido en un barrio de calles empedradas, veleros históricos amarrados y vistas directas al puente de Brooklyn desde otro ángulo. Es un rincón con una escala mucho más humana que el resto del distrito, y por eso mismo se agradece como pausa entre tanto rascacielos.

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